Malagón es una de las fundaciones más singulares de Santa Teresa. ¿Qué significa este legado para el municipio?
Malagón no se entiende sin Santa Teresa de Jesús. Aquí su presencia no es solo un episodio histórico, sino una realidad profundamente arraigada que ha ido configurando la identidad del municipio a lo largo de los siglos. Fue su tercera fundación, en 1568, y además en un contexto muy concreto, marcado por la intervención de doña Luisa de la Cerda y por la necesidad de adaptar su ideal fundacional a la realidad de un entorno rural.
Ese proceso ya nos dice mucho de lo que representa Teresa en Malagón: una figura que supo leer la realidad, adaptarse sin perder lo esencial y construir algo que ha perdurado en el tiempo. Hoy ese legado se traduce en una relación muy viva entre el pueblo y la Santa, que va mucho más allá del patrimonio material.
Yo me atrevería a decir que ésta es la verdadera obra teresiana de la Reforma del Carmelo Descalzo que impulsó Santa Teresa de Jesús.
Hay una imagen muy potente en Malagón: la piedra donde, según la tradición, se sentaba Teresa para seguir las obras del convento. ¿Qué representa ese lugar?
Esa piedra es probablemente el mejor símbolo de lo que es Teresa para Malagón. No estamos hablando de un gran monumento ni de una pieza artística excepcional, sino de algo sencillo, casi humilde. Y, sin embargo, en torno a ella se articula buena parte de la vida cotidiana del pueblo.
Es un lugar de paso, pero también de encuentro, de gesto, de memoria. Muchas personas se detienen, dejan una flor, hacen la señal de la cruz… Es algo que se aprende desde pequeños y que forma parte de la identidad de ser malagonero. Ese vínculo emocional tan directo es lo que convierte ese espacio en algo único.
En Malagón sorprende cómo la figura de Teresa está presente en lo cotidiano: en los nombres, en las calles, en los gestos… ¿Cómo se explica esta relación tan viva?
Se explica porque aquí Teresa nunca se ha ido. No es una figura lejana ni exclusivamente histórica. Está presente en la vida diaria, en los nombres de muchas vecinas, en los espacios públicos, en las tradiciones… incluso en pequeños gestos que se repiten casi sin pensar.
Eso no se puede construir artificialmente. Es algo que se transmite de generación en generación y que forma parte de la cultura local. En Malagón, Teresa es cercana, es propia, es alguien con quien se convive.
Hasta el punto de haber sido nombrada Hija Adoptiva y Predilecta de Malagón y Alcaldesa Honoraria y Perpetua, siendo yo alcalde.
La fundación de Malagón no fue fácil. Teresa tuvo que superar dificultades, adaptar su modelo… ¿Qué nos dice esto de su figura?
Nos muestra a una Teresa profundamente realista y, al mismo tiempo, tremendamente decidida. Ella tenía una idea muy clara de cómo debían ser sus fundaciones, pero también supo entender que cada lugar tenía sus propias circunstancias.
En Malagón tuvo que aceptar que el convento contara con una base económica, algo que inicialmente no encajaba con su ideal de pobreza absoluta. Pero lo hizo porque entendía que lo importante era que ese espacio existiera y pudiera cumplir su misión.
Esa capacidad de conjugar ideal y realidad es una de las grandes lecciones que nos deja.
El convento de San José de Malagón es un referente dentro del mundo teresiano. ¿Qué valor tiene hoy este espacio?
Es un lugar absolutamente excepcional. No solo por su historia, sino porque conserva de manera muy fiel el espíritu y el modelo que Teresa quiso para sus fundaciones. Es la única fundación construida de cero, de nueva planta. De hecho, los planos del convento han servido de referencia para otros muchos en todo el mundo.
Además, sigue siendo un espacio vivo, habitado por una comunidad que cuida ese legado con un enorme respeto. Eso le da un valor añadido: no es solo patrimonio, es vida.
Malagón ha sabido integrar este legado también en expresiones contemporáneas, incluso en ámbitos como el deporte o el arte urbano. ¿Qué importancia tiene esto?
Es muy importante porque demuestra que el legado de Teresa no está anclado en el pasado, sino que sigue generando nuevas formas de expresión. El caso del Atlético Teresiano es muy significativo, igual que las esculturas o intervenciones artísticas que encontramos en el municipio.
Todo eso contribuye a mantener vivo ese vínculo y a hacerlo accesible también a las nuevas generaciones.
¿Qué supone para Malagón formar parte de la Red de Ciudades Teresianas “Huellas de Teresa”?
Supone una oportunidad muy importante para proyectar todo este patrimonio más allá del ámbito local. Formar parte de Huellas de Teresa nos permite compartir experiencias con otras ciudades, construir un relato conjunto y reforzar la visibilidad del legado teresiano.
Malagón aporta a la red una vivencia muy auténtica, muy cotidiana de Teresa, y al mismo tiempo se beneficia de ese trabajo en común que permite llegar a más personas.
Desde el punto de vista turístico, ¿qué encuentra hoy el visitante que llega a Malagón siguiendo las huellas de Teresa?
Encuentra algo muy especial: un patrimonio que no está solo en los edificios, sino en el ambiente, en la forma de vivir el lugar. Evidentemente, hay espacios muy relevantes como el convento, la iglesia, las esculturas o la propia piedra de la Santa.
Incluyendo una ruta «Caminando con Teresa» en Malagón, impulsada en 2015. Es un itinerario urbano y cultural que recorre los lugares más emblemáticos vinculados a Santa Teresa de Jesús desde su llegada en 1568. Destaca por visitar el Monasterio de San José (su tercera fundación), la «Piedra de la Santa», la Puerta del Encuentro y el Parque del Calvario, reflejando su profunda huella en la localidad.
Puntos Clave de la Ruta Teresiana:
Parque de El Calvario: Lugar de llegada de la Santa en 1568, con vistas a la sierra.
Puerta del Encuentro: Puerta de bronce de Carlos Guerra que conmemora el 450 aniversario de la fundación.
Hornacina de la Piedra de la Santa: Donde se cree que Teresa descansaba mientras supervisaba la construcción del convento.
Glorieta 23 de Junio: Antigua plaza pública donde se preparó la procesión fundacional.
Parroquia Santa María Magdalena: Lugar de la misa previa a la fundación.
Plaza del Remedio: Escultura de la Santa de 1971.
Monasterio de San José: Punto culminante, el único construido de nueva planta bajo sus directrices, destacando la celda teresiana y el retablo barroco.
El recorrido está señalizado con carteles informativos sobre la historia local y la vida de la Santa, siendo un atractivo destacado del turismo en Castilla-La Mancha.
Pero lo que realmente sorprende es esa sensación de que Teresa sigue presente. Que no es un relato del pasado, sino algo que forma parte del presente del municipio.
Hay una dimensión muy humana en la Teresa de Malagón: cercana, implicada, incluso preocupada por la vida del pueblo. ¿Cómo se percibe hoy esa faceta?
Se percibe con mucha claridad. Teresa no fue solo una fundadora, fue una mujer que se implicó con la realidad de las personas que tenía alrededor. Aquí, por ejemplo, promovió iniciativas concretas para ayudar a la población.
Esa dimensión humana es la que hace que hoy siga siendo tan querida. No es solo una figura espiritual, es alguien que se preocupó por la gente.
Mirando al futuro, ¿qué papel quiere seguir desempeñando Malagón dentro del mapa teresiano?
Queremos seguir siendo un referente dentro de ese mapa, pero sin perder lo que nos hace únicos: esa relación tan directa y tan viva con la figura de Teresa.
El reto es seguir cuidando nuestro patrimonio, seguir transmitiendo este legado y hacerlo accesible a quienes nos visitan, manteniendo siempre esa autenticidad que define a Malagón.