Poeta, periodista y uno de los grandes conocedores del patrimonio cultural español, Carlos Aganzo ofrece en esta entrevista una mirada profundamente literaria sobre la figura de Santa Teresa de Jesús. A través de sus respuestas, reflexiona sobre la fuerza de su escritura, la vigencia de su pensamiento y el valor de las ciudades teresianas como espacios donde se encuentran la historia, la cultura y el viaje interior. Una invitación a descubrir por qué la voz de Teresa sigue hablándonos con plena actualidad.
Santa Teresa es una de las grandes escritoras de la lengua española. Como poeta y periodista, ¿qué cree que hace que su voz siga resultando tan cercana cinco siglos después?
No es casualidad que Teresa de Jesús, al lado de Miguel de Cervantes, esté considerada como fundadora, además de otras muchas empresas, de lo que conocemos como castellano moderno. Su capacidad de expresar, desde la cercanía absoluta de su lenguaje personal, todo lo expresable, y a veces también lo inexpresable, la convierte, además de en una escritora brillante en una comunicadora única. Teresa de Jesús nos sigue diciendo grandes cosas hablándonos desde la llaneza más alta, siempre como a miembros de su familia, casi al oído. Y su capacidad de conmover es extraordinaria.
Teresa escribió desde la experiencia, con una naturalidad que revolucionó la literatura de su tiempo. ¿Qué enseñanzas ofrece hoy su forma de escribir a quienes aman la palabra?
Tenemos que recordar que, desde sus primeras lecturas al lado de su madre, a la par que santa, Teresa de Jesús quiso ser escritora. Y como tal escritora nos aporta dos enseñanzas impagables. La primera es, ya lo ha dicho usted, la naturalidad en la construcción de la frase, desde los recursos primordiales de nuestra lengua. Incluida en esta sencillez la complejidad de aquel “flujo de conciencia” que algunos críticos han señalado en ella como antecedente de Joyce, Woolf, Faulkner o Proust (y que en su caso tiene más que ver con su aversión a las enmiendas y tachaduras y a la necesidad de dejar consignado en lo escrito lo justo y lo necesario). La segunda es que no hay palabra, por pequeña o desdeñable o fútil que nos pueda parecer, que no encierre en sí un mundo entero de significados y connotaciones. Y también de ritmo, de música, en combinación con el resto de palabras de cada frase.
Usted ha recorrido y contado el patrimonio de innumerables ciudades. ¿Qué tienen de especial las ciudades teresianas que las convierte en un itinerario único dentro de España?
Si Juan de la Cruz buscó para él y para sus frailes lugares de alto espíritu encendidos por el contacto con la naturaleza, Teresa de Jesús persiguió más bien ciudades de belleza y de sabiduría donde poder instalar su casa, con su familia religiosa, con sus moradas y sus jardines de interior. Complemento perfecto. Es difícil saber si Teresa es quien es por el influjo de las extraordinarias ciudades que eligió para sus fundaciones o si cualquiera de estas ciudades maravillosas sigue siendo como es, entre otras cosas, por la huella indeleble que en ellas dejó Teresa de Jesús. Lo que entonces fue aventura hoy es ventura espiritual, cultural y patrimonial en un camino de perfección que no tiene parangón en el mundo.
La Red de Ciudades Teresianas «Huellas de Teresa» propone descubrir la vida de la Santa recorriendo los lugares donde vivió y fundó. ¿Qué valor tiene convertir una biografía en un viaje?
Toda biografía verdadera se compone de cuatro grandes elementos: las personas que nos acompañan, los libros que leemos, los sueños que nos persiguen hasta el último de nuestros días y la experiencia que acumulamos en los viajes. En todos los casos, pero muy especialmente en el de la Caminanta, como con tanto cariño le decimos en Ávila, viaje y vida, vida y viaje son la médula de una misma identidad. Ésa es la magia que mantiene la red Huellas de Teresa: pisar por donde ella pisó y, en pisándolo, volver a participar de aquella vida singular entre todas las vidas singulares que fue la de Teresa de Jesús.
Santa Teresa fue una mujer profundamente contemplativa, pero también una incansable viajera. ¿Qué nos dice esa unión entre interioridad y camino al hombre contemporáneo?
Los espíritus poderosos, como el de Teresa, aprenden desde el primer momento esa doble dirección que tienen todas las cosas. Viajar sin contemplar, sin entregarse, sin dejarse traspasar por la experiencia del viaje es únicamente desplazarse. Contemplar sin viajar hacia el interior profundo de lo contemplado o, como pretexto, hacia el profundo interior de uno mismo, o, por extensión, hacia lo más alto de todo lo alto, es simplemente mirar. Y al hombre contemporáneo, en su proceso de transhumanización, le empujan más a moverse que a viajar; a mirar que a contemplar. Hasta que empieza a rebelarse. Éste es quizás el nudo gordiano de nuestro tiempo.
Teresa y San Juan de la Cruz representan una de las cumbres de nuestra literatura. ¿Qué lugar ocupan ambos en la historia cultural de España y qué pueden seguir aportando a nuestra sociedad?
Por separado, Juan representa la cumbre de la creación poética, del arte de la palabra llevado hasta más allá de los límites de su tensión y su trascendencia. Y Teresa la más pura esencia de la expresión neta, deslumbrante y al mismo tiempo humildísima, de la lengua española: la lengua literaria viva más valiosa del planeta. Juntos, representan quizás el más alto significado del Siglo de Oro: un espacio universal compartido por Europa y por América, con resonancia en todo el mundo, en el que la cultura española alcanzó su máxima fecundidad.
En una época marcada por la inmediatez y el ruido, ¿cree que la lectura de Santa Teresa puede ayudarnos a recuperar el valor del silencio, de la reflexión y de la belleza?
Desde Steiner, pero mucho antes desde Juan de la Cruz, sabemos que solo hay una belleza ni una emoción mayores que las de la palabra, que son las del silencio. Octavio Paz lo explicita cuando dice : “La palabra es hija del silencio, nace de sus profundidades, aparece por un instante y regresa a sus abismos”. El origen de la palabra es el silencio. Y en el origen del hombre, como tal hombre, se encuentra la palabra. Con Teresa de Jesús aprendemos a encontrar de nuevo al hombre en el lugar que le corresponde: en el alto pensamiento que se construye, como una oración o un mantra, palabra con palabra; en la palabra plena, que es la única que no ofende al silencio, sino que lo completa. Necesitamos más que nunca la música callada. Y la soledad sonora, frente a la confusión.
Como gran conocedor del patrimonio castellano y español, ¿qué papel cree que debe desempeñar la cultura en la conservación y difusión del legado teresiano?
La cultura, tan arrinconada en nuestro tiempo por el totalitarismo de la codicia, es esencial para comprender la necesidad de conservar nuestro patrimonio como la medida de lo que somos, de lo que hemos sido y de lo que nos queda por ser en el tiempo. Hablo de patrimonio físico, tesoro histórico artístico, y también de patrimonio cultural y espiritual. En todos ellos (arquitectura, literatura, pensamiento, mística y arte) son ricas las huellas de Teresa de Jesús. Como raíz, en tierras de Castilla; como árbol frondoso, por España y con proyección hacia el mundo.
¿Qué aspecto de la personalidad de Santa Teresa considera que sigue siendo el más desconocido o el menos comprendido por el gran público?
Quizás su verdadero amor no solo por la palabra, sino por la escritura, en el sentido más amplio del término. Incluido el modo en el que escribió, el papel, la tinta y los recados de escribir que utilizó y su propia, fascinante, caligrafía. Ese lee y conducirás, no leas y serás conducido que fue a la vez su testimonio de fe en la libertad y su compromiso eterno con la palabra escrita. Creo que sobre el fondo, en la misma temperatura física de la forma, todavía nos queda mucho por aprender de ella.
Si tuviera que invitar a alguien que nunca ha recorrido las Huellas de Teresa a emprender ese viaje, ¿qué le diría para convencerle de que merece la pena?
Le diría que el conocer caminando de Sócrates o el caminar conociendo de Neruda no son nada comparados con este viaje iniciático y homérico que vamos a empezar a zaga de su huella, de su patrimonio espiritual y artístico. Pero en el que, sin duda, después del segundo o el tercer paso, ya nos va a parecer un viaje sorprendente al interior de nosotros mismos. Y desde ese interior, si aún tenemos ánimo y ánima para asomarnos un poco más allá, para sentir ese “gozo tan excesivo que el alma siente” y que Teresa de Jesús nunca quiso guardarse para ella sola, sino más bien “decirlo a todos”. Como nos sigue diciendo quinientos años después con plena intensidad.