Dentro de la Red de Ciudades Teresianas, Caravaca de la Cruz ocupa un lugar singular. Es una fundación impulsada por Santa Teresa de Jesús en la que la reformadora nunca llegó a estar físicamente. Sin embargo, su presencia permanece viva en el origen mismo del convento, en las decisiones que tomó para hacerlo posible y en el espíritu que dejó impreso en la comunidad.
A esa singularidad se suma otro elemento que convierte a Caravaca en un enclave único dentro del mapa teresiano: el decisivo protagonismo de San Juan de la Cruz, cuya presencia y acompañamiento contribuyeron a consolidar la fundación y a enriquecer el legado carmelitano en la ciudad.
En esta entrevista, el alcalde de Caravaca de la Cruz, José Francisco García, reflexiona sobre la importancia de este doble patrimonio espiritual, histórico y cultural, el diálogo entre la tradición teresiana y la devoción a la Vera Cruz, y el papel que la ciudad quiere seguir desempeñando dentro de la Red Huellas de Teresa, proyectando hacia el futuro una herencia que continúa atrayendo a peregrinos, visitantes e investigadores.
Caravaca de la Cruz ocupa un lugar muy singular dentro del mapa teresiano. ¿Qué significa para la ciudad este legado?
Caravaca de la Cruz tiene una singularidad única dentro del conjunto de ciudades teresianas. Es una fundación profundamente teresiana… en la que, sin embargo, Teresa nunca llegó a estar físicamente. Y aun así, su presencia es total.
Esto nos obliga a entender su legado desde una perspectiva más profunda. Teresa está en el origen, en la decisión, en la dirección, en la organización de la comunidad. Pero esa presencia se completa y se desarrolla aquí gracias a la acción de otras figuras clave, entre ellas, de manera muy especial, San Juan de la Cruz.
Por eso Caravaca representa muy bien esa doble dimensión del Carmelo reformado: el impulso inicial de Teresa y el acompañamiento, la consolidación y la profundización que aporta San Juan. Esa complementariedad es uno de los grandes valores de la ciudad dentro de la Red.
La fundación nace del impulso de un grupo de mujeres encabezadas por doña Catalina de Otálora. ¿Qué aporta este origen a la identidad de Caravaca?
Aporta una dimensión profundamente local y, al mismo tiempo, muy universal. La fundación no nace de una iniciativa externa, sino del deseo concreto de varias mujeres caravaqueñas que, tras una experiencia espiritual intensa, deciden dar un paso radical en sus vidas.
La imagen de aquellas jóvenes encerradas en la casa de doña Catalina, viviendo ya en clave de recogimiento, esperando poder integrarse en la reforma teresiana, es de una fuerza extraordinaria. Y es precisamente ese “hervor”, como lo describe Teresa, lo que termina moviéndola a aceptar la fundación.
Esto convierte a Caravaca en un lugar donde la reforma no solo llega, sino que es buscada, deseada y preparada desde dentro.
Teresa acepta la fundación, aunque con dudas. ¿Qué nos dice esto de su manera de actuar?
Nos muestra a una Teresa profundamente realista. Es consciente de las dificultades: la distancia, los caminos, la complejidad institucional, la sostenibilidad de la comunidad… No toma decisiones a la ligera.
Pero también es una mujer capaz de reconocer la autenticidad de una vocación. Y cuando percibe que hay verdad en ese deseo, decide implicarse.
En Caravaca, ese equilibrio entre prudencia y confianza se ve con mucha claridad. Teresa duda, pero no se cierra. Discierne… y finalmente apuesta.
El proceso de la licencia fue especialmente complejo, incluso con intervención directa de Felipe II. ¿Qué importancia tiene este episodio?
Tiene una enorme relevancia porque sitúa la fundación en un contexto histórico muy concreto, donde se cruzan poder político, órdenes militares y vida religiosa.
Caravaca dependía de la Orden de Santiago, lo que implicaba una serie de condicionantes que no encajaban con la reforma teresiana. La primera licencia sometía el convento a una autoridad que Teresa no podía aceptar.
Y aquí se produce un momento clave: su decisión de escribir directamente a Felipe II. Esa capacidad de interlocución, de entender los resortes del poder y de utilizarlos con inteligencia, es una de las grandes fortalezas de Teresa.
La respuesta favorable del rey desbloquea la situación y permite que la fundación se realice en los términos adecuados.
La fundación finalmente se realiza sin la presencia física de Teresa. ¿Qué hace de este hecho algo tan singular?
Lo hace absolutamente excepcional. Teresa, que siempre había estado presente en sus fundaciones, decide en este caso no acudir, debido a las dificultades que estaba viviendo en Sevilla.
Sin embargo, lejos de desvincularse, asume un papel aún más estratégico. Designa a Ana de San Alberto como priora, redacta instrucciones detalladas de su puño y letra y otorga los poderes necesarios para llevar a cabo la fundación.
Esto convierte a Caravaca en una fundación dirigida a distancia, pero profundamente teresiana en su esencia. Y es precisamente en ese contexto donde la figura de San Juan de la Cruz cobra una importancia especial.
San Juan de la Cruz aparece como figura clave en Caravaca. ¿Qué papel desempeña en el desarrollo de la fundación?
San Juan de la Cruz desempeña un papel fundamental en la consolidación del proyecto teresiano en Caravaca. Si Teresa impulsa la fundación, San Juan contribuye decisivamente a darle estabilidad, profundidad y continuidad.
Acompaña espiritualmente a la comunidad, visita la ciudad en distintas ocasiones, interviene en momentos importantes como la elección de priora y, además, impulsa una nueva línea de desarrollo: la fundación del convento de frailes descalzos.
Su presencia no es puntual, es estructural. Forma parte del crecimiento del Carmelo en Caravaca y ayuda a dar forma a una comunidad que, sin la presencia física de Teresa, necesitaba referentes sólidos.
Esa complementariedad entre Teresa y San Juan parece clave en Caravaca. ¿Cómo se interpreta hoy?
Se interpreta como uno de los grandes rasgos diferenciales de la ciudad. En Caravaca se entiende muy bien que la reforma del Carmelo no es obra de una sola persona, sino el resultado de una colaboración profunda entre Teresa y San Juan de la Cruz.
Teresa impulsa, organiza, decide. San Juan acompaña, profundiza, sostiene. Uno sin el otro no se entiende completamente.
Y en Caravaca esa relación se hace especialmente visible, porque la ausencia física de Teresa permite percibir con más claridad la importancia de San Juan en el desarrollo del proyecto.
La ciudad está profundamente marcada por la devoción a la Vera Cruz. ¿Cómo dialoga este elemento con el legado teresiano y sanjuanista?
Dialoga de una manera muy natural. Caravaca es, desde hace siglos, un centro de peregrinación en torno a la Vera Cruz, y esa dimensión espiritual previa es la que permite entender la llegada del Carmelo.
La cruz, la reforma teresiana y la espiritualidad de San Juan de la Cruz no son realidades separadas, sino que se entrelazan. Todas apuntan hacia una misma experiencia de profundidad, de interioridad, de sentido.
Además, hay elementos simbólicos muy potentes, como la tradición de las cruces vinculadas a las carmelitas, que refuerzan esa conexión.
¿Qué experiencia ofrece hoy Caravaca al visitante que sigue las huellas de Teresa y San Juan de la Cruz?
Ofrece una experiencia muy completa y muy singular. El visitante no encuentra solo un conjunto de monumentos, sino un relato que se despliega entre la ciudad, el paisaje y la memoria.
Puede recorrer el convento de San José, subir al castillo, visitar la basílica de la Vera Cruz, descubrir los espacios vinculados a San Juan de la Cruz…
Pero, sobre todo, puede entender una historia: la de una fundación nacida desde el deseo de una comunidad, impulsada por Teresa y consolidada gracias al acompañamiento de San Juan.
Mirando al futuro, ¿qué papel quiere jugar Caravaca dentro del mapa teresiano?
Caravaca quiere seguir siendo un referente desde su singularidad. Una ciudad donde la huella de Teresa no se entiende sin la presencia de San Juan de la Cruz.
Nuestro objetivo es seguir poniendo en valor ese doble legado, proyectarlo hacia nuevos públicos y reforzar nuestra posición dentro de la Red Huellas de Teresa.
Porque si algo define a Caravaca es precisamente eso: ser un lugar donde el impulso de Teresa se completa, se enriquece y se hace plenamente visible gracias a la presencia de San Juan de la Cruz.