El 27 de septiembre de 1970 quedó marcado como una fecha histórica para la Iglesia y para el reconocimiento universal de la figura de Santa Teresa de Jesús. Ese día, el papa San Pablo VI proclamó a la religiosa abulense Doctora de la Iglesia, convirtiéndola en la primera mujer en recibir este título.
La proclamación suponía el reconocimiento solemne de la extraordinaria aportación de Teresa de Jesús al pensamiento y a la espiritualidad cristiana. Casi cuatro siglos después de su muerte, la Iglesia reconocía oficialmente la autoridad de una mujer cuya experiencia, inteligencia y capacidad para transmitir aquello que había vivido habían trascendido las fronteras de su tiempo.
Teresa se incorporaba así a una lista reservada a grandes maestros de la historia del cristianismo. Su doctorado reconocía especialmente el valor de una obra escrita que, nacida fundamentalmente de la experiencia, se había convertido en referencia para generaciones de lectores, estudiosos y personas interesadas en el conocimiento de la interioridad humana.
El Libro de la vida, Camino de perfección, Las Moradas o Las Fundaciones, junto con su extraordinario epistolario, permiten acercarse a una autora con una voz absolutamente personal.
Teresa escribe sobre la oración y la relación con Dios, pero sus páginas hablan también de amistad, libertad, conocimiento propio, determinación, relaciones humanas, dificultades, viajes y vida cotidiana. Y lo hace utilizando un lenguaje directo, cercano y lleno de imágenes que permitió explicar realidades complejas de una manera sorprendentemente accesible.
Su influencia, por ello, ha desbordado ampliamente el ámbito estrictamente religioso. Santa Teresa ocupa un lugar fundamental en la historia de la literatura española y en el patrimonio cultural de nuestro país, y su obra continúa siendo objeto de investigaciones, ediciones, congresos y estudios en universidades de todo el mundo.
La proclamación de 1970 tuvo además un enorme valor simbólico. Por primera vez una mujer recibía el título de Doctora de la Iglesia, reconociéndose de manera solemne su condición de maestra y la importancia universal de su pensamiento.
Pocos días después, el 4 de octubre de aquel mismo año, Santa Catalina de Siena se convertiría también en Doctora de la Iglesia.
El acontecimiento de aquel 27 de septiembre confirmó algo que los siglos ya habían ido demostrando: la voz de aquella mujer nacida en Ávila en 1515 había conseguido atravesar épocas, culturas y fronteras.
Más de medio siglo después de aquella proclamación, el legado de Santa Teresa continúa presente de una manera especialmente visible en las catorce ciudades que integran la Red Huellas de Teresa.
Ávila, Medina del Campo, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana, Salamanca, Alba de Tormes, Segovia, Beas de Segura, Sevilla, Caravaca de la Cruz, Villanueva de la Jara y Burgos conservan lugares y recuerdos que permiten recorrer su biografía y comprender mejor la dimensión de su obra.
Conmemorar el aniversario de su proclamación como primera mujer doctora de la Iglesia es también una oportunidad para volver a sus escritos y descubrir a una Teresa que continúa dialogando con nuestro tiempo.
Una mujer del siglo XVI cuya palabra, más de cinco siglos después de su nacimiento, sigue dejando huella.