El 25 de agosto de 1573, festividad de san Luis de Francia, Santa Teresa de Jesús comenzó en Salamanca la redacción del Libro de las Fundaciones, una de las obras más singulares de la literatura del Siglo de Oro. Lo hizo por indicación del jesuita Jerónimo Ripalda, que, tras leer el Libro de la Vida, le pidió que continuara narrando la historia de los conventos que había fundado después de San José de Ávila.
Aquel encargo dio origen a un libro extraordinario. Teresa no escribió una crónica retrospectiva, sino un relato que fue creciendo al mismo ritmo que sus viajes. Sus páginas nacieron entre caminos, estancias en distintas ciudades, nuevas fundaciones y continuos desplazamientos por la geografía castellana. El resultado fue mucho más que la historia de unos conventos: un valioso testimonio sobre las ciudades, los paisajes, los personajes y la vida cotidiana de la España del siglo XVI.
Cinco siglos después, el Libro de las Fundaciones continúa siendo una guía excepcional para comprender el legado teresiano y recorrer, paso a paso, las ciudades que conservan viva la memoria de aquella aventura. Muchas de ellas forman hoy parte de la Red Huellas de Teresa, permitiendo al viajero seguir el mismo itinerario que la propia fundadora convirtió en literatura.
Teresa comenzó a escribir la obra en el convento de Salamanca, donde residía en el verano de 1573. El propósito inicial era claro: relatar la historia de las fundaciones realizadas desde la apertura del monasterio de San José de Ávila. Hasta ese momento ya habían nacido los conventos de Medina del Campo, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana, Salamanca y Alba de Tormes, además de las primeras fundaciones de frailes en Duruelo y Pastrana.
Aquellas ciudades se convertirían en las protagonistas de un relato que todavía hoy permite reconstruir una parte esencial de la geografía teresiana.
Lo que hace único al Libro de las Fundaciones es que Teresa no esperó a terminar su obra fundadora para escribirla.
La narración avanzó al mismo tiempo que su propia vida. Cuando una nueva fundación reclamaba su presencia, interrumpía el manuscrito para emprender el viaje. Meses después retomaba la escritura desde otra ciudad, incorporando los acontecimientos más recientes.
Así ocurrió en Toledo, donde continuó redactando el libro en 1576, y después durante las fundaciones de Segovia, Beas de Segura, Sevilla, Caravaca de la Cruz, Villanueva de la Jara, Palencia, Soria y Burgos.
Cada nueva ciudad añadía un capítulo. Cada nuevo camino ampliaba la historia.
Pocas obras de la literatura española reflejan con tanta naturalidad la estrecha relación entre escritura y viaje.
Leído desde una perspectiva actual, el Libro de las Fundaciones es mucho más que una crónica sobre el nacimiento de unos conventos.
Teresa describe ciudades, caminos, ventas, paisajes, benefactores, dificultades, enfermedades, lluvias, fríos, nevadas y encuentros con una espontaneidad que convierte el libro en un magnífico retrato de la Castilla del siglo XVI.
Gracias a esas páginas es posible conocer cómo eran los desplazamientos de la época, cuáles eran las principales rutas, cómo se organizaban los viajes o qué dificultades encontraba una mujer que recorría cientos de kilómetros por una geografía muy distinta de la actual.
Sin proponérselo, Teresa dejó uno de los testimonios más vivos sobre la movilidad y la vida cotidiana del Renacimiento español.
En el prólogo de la obra, Teresa deja claro que desea escribir con absoluta fidelidad a los hechos.
Afirma que cuanto cuenta responde a la verdad de lo sucedido y rechaza cualquier exageración que pudiera desvirtuar la historia. Esa voluntad de rigor convierte el Libro de las Fundaciones en una fuente histórica de enorme valor para comprender la expansión del Carmelo y, al mismo tiempo, la realidad social y urbana de la España del siglo XVI.
Su relato está lleno de nombres propios, fechas, lugares y acontecimientos que permiten seguir casi paso a paso el desarrollo de cada fundación.
Aunque el objetivo inicial era narrar el nacimiento de las nuevas comunidades, Teresa fue construyendo una obra mucho más rica.
Entre las fundaciones aparecen retratos de personajes, escenas cotidianas, descripciones de ciudades, reflexiones sobre el gobierno, observaciones sobre la condición humana y algunos de los mejores perfiles de figuras como san Juan de la Cruz o Jerónimo Gracián.
La autora alterna la narración histórica con comentarios personales, anécdotas e incluso observaciones sobre las dificultades de los viajes, acercando al lector a la realidad cotidiana de una mujer que recorrió miles de kilómetros en una época en la que viajar suponía un auténtico desafío.
Por ello, el Libro de las Fundaciones ocupa hoy un lugar destacado no solo dentro de la literatura mística, sino también entre las grandes obras narrativas del Siglo de Oro.
El manuscrito autógrafo se conserva actualmente en la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Sus páginas permiten apreciar incluso la evolución de la escritura de Teresa. Los primeros capítulos muestran un trazo firme y seguro; los últimos, redactados tras años de viajes y fundaciones, revelan un pulso más fatigado y numerosas correcciones, especialmente en los capítulos dedicados a Burgos.
Son las últimas páginas que salieron de la pluma de una de las escritoras más importantes de nuestra historia.
Cinco siglos después, el Libro de las Fundaciones sigue siendo una invitación al viaje.
Las ciudades que Teresa fue incorporando a su relato conservan hoy buena parte del patrimonio que conoció la fundadora y permiten reconstruir el itinerario de una aventura que transformó el mapa cultural de España.
Recorrer Ávila, Medina del Campo, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana, Salamanca, Alba de Tormes, Segovia, Beas de Segura, Sevilla, Caravaca de la Cruz, Villanueva de la Jara y Burgos es también recorrer las páginas de un libro que nunca fue escrito desde la distancia, sino desde el camino.
Porque el Libro de las Fundaciones no es únicamente la historia del nacimiento de unos conventos. Es el relato de una mujer que convirtió sus viajes en literatura y dejó, sin proponérselo, uno de los grandes mapas culturales del siglo XVI. Hoy, la Red Huellas de Teresa invita a seguir ese mismo recorrido, descubriendo en cada ciudad una nueva página de una historia que continúa viva.