El 10 de julio de 1570, la villa de Pastrana fue escenario de un acontecimiento que, con el paso del tiempo, adquiriría un significado especial para la historia del Carmelo Descalzo y para el patrimonio artístico teresiano. Ese día, Santa Teresa de Jesús asistió a la profesión religiosa de Mariano de San Benito y de Juan de la Miseria, dos nuevos miembros de la Reforma que ella impulsaba con decisión desde hacía apenas unos años.

Entre aquellos jóvenes religiosos se encontraba una figura que, sin saberlo entonces, acabaría dejando una de las imágenes más reconocibles de la Santa. Juan de la Miseria, antes de ingresar en el Carmelo, había ejercido como pintor y, años después, sería el autor del retrato realizado del natural a Teresa de Jesús, considerado el más fiel a su verdadera fisonomía y modelo de buena parte de la iconografía teresiana posterior.

La profesión celebrada en Pastrana refleja el momento de expansión que vivía la Reforma del Carmelo. La villa alcarreña, donde Teresa había fundado el convento de San José un año antes, se había convertido en uno de los principales focos del nuevo movimiento carmelitano. Allí comenzaron su camino numerosos religiosos que contribuirían decisivamente a consolidar la obra iniciada por la fundadora.

La relación entre Teresa y Juan de la Miseria fue creciendo con los años. La Santa confió en él no solo como religioso, sino también como artista. Cuando aceptó posar para que realizara su retrato, probablemente no imaginaba que aquella pintura se convertiría en la imagen más difundida de su persona. La tradición ha conservado incluso una de las anécdotas más conocidas de la historia teresiana. Al contemplar el retrato terminado, Teresa habría exclamado con su habitual sentido del humor: «Dios te lo perdone, fray Juan, que me has pintado fea y legañosa.» Una frase que revela la naturalidad y cercanía con la que afrontaba incluso los momentos más singulares de su vida.

La historia de Juan de la Miseria establece, además, un hermoso vínculo entre dos ciudades de la Red Huellas de Teresa. Si Pastrana fue el lugar donde comenzó su vida como carmelita descalzo, Sevilla conserva una de las obras más valiosas de su legado artístico. En el convento de San José de las Carmelitas Descalzas, conocido popularmente como Las Teresas, se custodia una pintura atribuida al religioso, testimonio del extraordinario patrimonio artístico que atesora esta fundación sevillana impulsada por la propia Santa en 1575.

Este itinerario, que une Pastrana y Sevilla a través de la figura de Juan de la Miseria, pone de manifiesto cómo las Huellas de Teresa no solo se descubren recorriendo conventos y ciudades, sino también siguiendo el rastro de las personas que compartieron su aventura. Frailes, religiosas, benefactores, escritores y artistas contribuyeron a construir un legado que hoy forma parte de la historia cultural de España.

Recordar aquel 10 de julio de 1570 es, por tanto, volver a uno de esos pequeños acontecimientos que terminaron teniendo una enorme trascendencia. En una sencilla ceremonia celebrada en Pastrana comenzaba el camino carmelitano de un religioso que, años después, inmortalizaría el rostro de Teresa de Jesús. Gracias a su pincel, hoy podemos contemplar la imagen de una mujer cuya vida, pensamiento y obra siguen dejando huella en las ciudades que forman parte de la Red Huellas de Teresa.